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Dieste. Acervo familiar y otros documentos

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La familia Dieste es oriunda de las provincias gallegas de La Coruña y Pontevedra. A partir del siglo XVIII se asienta en el municipio coruñés de Rianxo, la villa marinera de la Ria de Arousa, donde aún hoy se encuentra la casa familiar, ahora convertida en museo.

De España a América (Argentina, Uruguay, México) vienen, y más tarde volverán a la península, familiares de las dos primeras generaciones en el Nuevo Mundo: los Dieste Muriel y los Dieste Gonçalves. Desde el arribo de los Dieste Muriel a Uruguay en la segunda mitad del siglo XIX, contamos seis generaciones (una menos en México), mientras que en España alcanzamos a registrar ─hasta el presente─ cuatro generaciones que allá nacieron y murieron (siglos XVIII-XIX): diez generaciones en total, sumando las de España y las de América.

Los hermanos Eduardo Nicolás y Eladio Serapio Dieste Muriel se establecerán en Rocha. El primero fue uno de los firmantes del Acta Fundacional del departamento, el 1º de agosto de 1870. Ambos se casan con hermanas rochenses y se dedican a negocios agropecuarios. Eduardo Nicolás monta con su esposa un comercio de ramos generales y Eladio Serapio con la suya regresará más tarde a Galicia. Cinco hijos de este matrimonio vuelven a América y se radicarán tres en Uruguay y dos en México. Los Dieste Muriel no pisarán suelo mexicano; la primera generación de la familia en México será la de los Dieste Gonçalves.

Los hermanos Dieste Gonçalves que se radicarán en América y propagarán el apellido, son: Eladio Florentino y Eduardo Serapio, en Uruguay (Enrique Cándido no tendrá descendencia); Antonio y Manuel Mariano, en México. Estos dos últimos tendrán una amplia descendencia que se afinca, inicialmente, en Tampico y Monterrey, pero desde la segunda mitad del siglo XX algunos emigrarán a Texas, EE.UU.

Cuatro integrantes de la familia destacan con luz propia por haber hecho cada uno, en su tiempo y con sus obras, una fértil contribución a los valores familiares y a la cultura de la sociedad en que vivieron, dicho sea esto sin desmerecimiento de otros familiares igualmente importantes. Hablamos de tres hermanos Dieste Gonçalves: Eladio Florentino, Eduardo Serapio y Rafael, y del segundo hijo del primero: Eladio Dieste Saint Martin, de quienes el lector o el investigador encontrará en Anáforas una reseña biográfica.

Desde la perspectiva migratoria podríamos decir que nuestra experiencia fue positiva, de provechoso desarrollo en lo humano, social y cultural. La familia Dieste se expandió ferazmente; sería inconcebible o un tanto ocioso pretender mencionar a todos sus miembros, pues tal empresa se perdería en el tiempo. En su historia de más de tres siglos, fechable a partir del XVIII hasta esta tercera década del siglo XXI, ha mantenido características y valores perdurables. Borges decía que “un hombre es todos los hombres”; parafraseándolo, podríamos decir que un Dieste es todos los Dieste, subrayando lo que hay de esencial y representativo en cada hombre y en cada uno de nuestros familiares. En todas sus generaciones la familia ha sostenido un constante y animado diálogo epistolar en virtud del cual se comunicaba y se sentía unida en los afectos, recuerdos y vivencias. Era ─y es─ un diálogo entre parientes, pero de un modo abstracto y universal un diálogo entre pasado, presente y futuro, entre memoria y olvido, entre realidad y sueño.

Nos sentimos contemplados por nuestros antepasados que muchas veces se desdibujan en la lejanía de los tiempos, en tanto nosotros, los de ahora, los vivos, los contemplamos a ellos con curiosidad y conjeturas. En el Félix Muriel de nuestro tío Rafael el narrador (v. “Este niño está loco”) nos cuenta que el Félix niño observa en la casa familiar de Rianxo los retratos que cuelgan de las paredes de “[…] la sala de las visitas y los homenajes. Allí, en grave penumbra, veíanse los retratos de los abuelos, que muy serenamente miraban desde los muros y parecían darles un espesor insondable, como si aquel mirar viniese traspasándolos, y desde muy lejos, para recordar. Y ¡qué cosa más rara!, para recordarme a mí, a quien no habían conocido, que no pertenecía a su pasado”. El recuerdo es siempre un renacimiento.

Han pasado muchas generaciones Dieste y vendrán otras y todas se irán para que emerjan las nuevas, como sentenciaba el viejo símil homérico: “Cual la generación de las hojas, así la de los hombres […]”, y nosotros y los que nos sucedan seguiremos contemplando los inviernos y las primaveras de la humanidad.

Rafael Dieste García da Rosa. Montevideo, diciembre de 2025.

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