Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Lavandeira, Francisco

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Francisco Lavandeira Muñoz (Florida, 4 de julio de 1848 – Montevideo, 10 de enero de 1875). Abogado, político, periodista, egresó de la Universidad de Buenos Aires con 22 años y asumió la cátedra de Economía política en la Universidad de la República, en Montevideo con 24 años.

Fundador y creador del diario La Democracia, impulsor de la fundación del Partido Nacional, mártir de la lucha democrática por la protección del sufragio, fue asesinado a balazos por “candomberos o netos”, al intentar detener una asonada que impidió, por segunda vez, la finalización de un acto electoral “en uno de los más deplorables episodios de nuestra historia”.

Como docente, se destacó por introducir en su cátedra el análisis de acontecimientos y datos de actualidad, dotando sus clases de un enfoque práctico y vinculado a la realidad de su tiempo. Fue precursor en el estudio del sistema fiscal uruguayo a través de las teorías económicas vigentes en su época. Como periodista, publicó con frecuencia columnas de análisis político y económico tanto en La Democracia como en La Revista Mercantil.

Afirma Pablo Da Silveira: “En el terreno de las ideas políticas, cumplió una evolución frecuente en su época. En 1870, durante la Revolución de las Lanzas, fue un militante entusiasta de un Partido Blanco, al que veía como instrumento para construir un país mejor. Frente a un Carlos María Ramírez que convocaba a abandonar los viejos partidos, Lavandeira respondía públicamente: 'Destruirlos no, transformarlos por la educación'. En 1872 estaba entre los blancos que impulsaron la creación del Club Nacional. Cuando muere, en los primeros días de 1875, lo hace apoyando una lista principista que integraba candidatos de diferentes orígenes.”

Stewart Vargas escribe en su semblanza: “El héroe era joven y atractivo; la naturaleza lo había dotado de formas atléticas y de un semblante abierto, donde campeaba la arrogancia y la alegre despreocupación de nuestra raza para desafiar todos los peligros. Con ser un intelectual, su estampa parecía haber sido labrada por los hachazos de la intemperie. [¨...] rebullían en su pecho las más levantadas idealidades de la época; y el destino le tronchó la vida, a la manera de la tragedia antigua, en el trance de debatirse contra fuerzas oscuras, que surgieron con pujanza histórica terrible, haciendo frustánea la íntima decisión de una minoría intelectual de impedir hasta con la fuerza de las armas el acto ominoso de avasallar la conciencia ciudadana”.

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