Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Ferreira, Eduardo. (En Proceso de Migración)

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Eduardo Magno Ferreira Correa nació en 1866 en Villa de Guadalupe, actual ciudad de Canelones, y murió en Montevideo en 1945. Fue un destacado periodista, crítico y docente.

Hijo de padres portugueses, siendo aún adolescente se trasladó a la ciudad de Florida donde trabajó como auxiliar en el Juzgado Letrado. Dos años después, ya en Montevideo, fue secretario privado de Ambrosio Mont –entonces Ministro de Chile en Uruguay–, y luego del financista valenciano Emilio Reus.

Se casó en primeras nupcias con María Franchi y en segundas con Adela Margarita Franchi. Tuvo ocho hijos. En 1894, luego del fallecimiento de Reus, comienza su ascendente carrera periodística: es director de LA TRIBUNA POPULAR, funda y preside hasta 1904 la Asociación de la Prensa, y más tarde el Círculo de la Prensa, entre 1917-1919.

En 1908 ingresa como periodista a LA RAZÓN, dirigido por Samuel Blixen. A la muerte de éste en 1909, Ferreira ocupa su cargo hasta 1916. En los tres años posteriores dirige EL SIGLO y en 1924 funda el diario IMPARCIAL, que lo tendrá como director hasta abril de 1933.

De acuerdo al estudio de Arturo Scarone, Ferreira utilizó tres seudónimos: “Teógenes” para los artículos de crítica teatral, “Gil Pérez” para tratar tópicos artísticos y “Gringoire” en notas de crítica literaria.

Ferreira colaboró con las principales revistas del Río de la Plata y fue el primer corresponsal en Uruguay de CARAS Y CARETAS. Además escribió en la REVISTA NACIONAL DE LITERATURA Y CIENCIAS SOCIALES de José Enrique Rodó, Víctor Pérez Petit, Daniel y Carlos Martínez Vigil. Con los dos primeros, en 1900, integró el jurado del primer certamen literario organizado por la revista LA ALBORADA, en el cual se otorgó el primer premio a un joven Horacio Quiroga.

Desde 1917 hasta poco antes de su muerte, fue profesor de literatura en la Sección de Enseñanza Secundaria y Preparatoria de la Universidad.

A su retiro del periodismo en 1933, Ariosto D. González inicia un editorial alusivo con las palabras: “Vida fecunda, laboriosa y noble”. Por su parte, Zum Felde destaca su labor como crítico, aunque le señala algún conservadurismo: “Aplicó siempre en sus comentarios una norma académica –es decir, de absoluto respeto a las reglas tradicionales– opuesta a los movimientos innovadores y a las manifestaciones muy atrevidas […] No obstante, sus artículos sobre pintura y sobre pintores nacionales sirvieron de aliento y estímulo en el ambiente, hasta entonces carente de toda atención crítica a ese respecto”.

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