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BELLÁN, JOSÉ PEDRO

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José Pedro Bellán nació en Montevideo en 1889 y murió en la misma ciudad, en 1930. Fue narrador y dramaturgo, además de maestro y periodista.

Sus creaciones abarcan dos décadas, razón por la cual convive con la Generación del Novecientos y con la Generación del 20. Con la primera no mantiene grandes vínculos, es en el período de la segunda donde alcanza su madurez literaria e incluso un resonante éxito como dramaturgo.

Entre sus piezas teatrales se encuentran Amor (1911), ¡Dios te salve! (1920), Vasito de agua (1921), Tro-la-ro-la-rá (1922), La ronda del hijo (1924), Blancanieve (1929) y El Centinela muerto (1930), su última obra realista. Esta pieza se publica conjuntamente con Interferencias, obra que inicia un nuevo ciclo más abstracto y atrevido, que su temprana muerte le impide desarrollar.

En un principio, su labor como narrador quedó en segundo plano. De acuerdo a José Pedro Díaz, esta faceta es sin embargo la más importante y duradera, “y no sólo porque escribe relatos que son uno de los puntos de arranque de nuestra moderna narrativa urbana, sino porque, aunque comienza apoyado en la línea naturalista, los desarrollos que en varios de ellos logra, sobre todo en el tratamiento del tema del amor y del sexo, configuran el hallazgo de una modulación propia”. La misma se va evidenciando de forma progresiva en Doñarramona (1918), Primavera (1920), Los amores de Juan Rivault (1922), pero cobra su mayor fuerza en El pecado de Alejandra Leonard (1926) y particularmente en “La realidad”, uno de sus relatos, “donde Bellán alcanza su más alto nivel como narrador y establece uno de los hitos importantes de nuestra narrativa urbana”, puntualiza nuevamente Díaz.

De su labor como maestro, es curiosa la referencia de su alumno Felisberto Hernández, quien lo menciona como su primer mentor. De su paso por la política, puede decirse que Bellán militó en las filas del batllismo y ocupó una banca como diputado desde 1926 hasta su muerte, en 1930. Medio siglo después, su intuición como dramaturgo dentro de su propia producción narrativa, facilitó la adaptación al teatro de la novela Doñarramona. Bajo la reescritura de Víctor Manuel Leites se conoció como Doña Ramona y, en el marco de la última dictadura uruguaya, configuró uno de los pilares de lo que dio en llamarse teatro de la resistencia.


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Investigación y realización: Ana Antúnez Maciel - Karina Bentancor
Agradecimiento: a Virginia Friedman del Archivo Literario de la Biblioteca Nacional

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