Alejandro Magariños Cervantes nació en Montevideo en 1825 y murió en la misma ciudad, en 1893. Fue escritor, historiador, político, docente, además de abogado.
Su juventud estuvo marcada por los viajes. En 1844 se radica en Río de Janiero, y dos años más tarde regresa a Montevideo para partir hacia España, donde se gradúa como Doctor en Jurisprudencia y se dedica a la literatura. Publica allí varios libros: La estrella del Sud. Memorias de un buen hombre (1849); Caramurú. La vida por un capricho (1850); Colón y el Nuevo Mundo (1850); No hay mal que por bien no venga (1852) y Celiar (1852). En 1850 también estrena una comedia: Percances matrimoniales.
De 1853 a 1855 dirige la REVISTA ESPAÑOLA DE AMBOS MUNDOS y es corresponsal de los periódicos EL MERCURIO de Valparaíso y LA CONSTITUCIÓN de Montevideo. Funda en París la Biblioteca Americana, valiosa colección de obras de autores rioplatenses, y publica otros libros, entre ellos Veladas de invierno (1853) y Estudios históricos, políticos y sociales sobre el Río de la Plata (1854).
En 1855 regresa a Uruguay, con el prestigio de una vida y una obra en el continente europeo. Revalida el título de doctor en leyes, y dedica los próximos veinte años a distintas funciones: cónsul en Buenos Aires, senador y ministro, catedrático y hombre de letras, llegando a ser, en 1878, Rector de la Universidad de la República. También lleva a la imprenta nuevas publicaciones: Brisas del Plata (1864), Violetas y ortigas (1880) y Palmas y ombúes (1884).
De acuerdo a Ángel Rama, Magariños Cervantes es el escritor que “modela e institucionaliza el romanticismo, acuña el prototipo de la novela histórica con Caramurú y el de la leyenda poética con Celiar”. Junto a Juan Carlos Gómez, apunta Alberto Zum Felde, comparte el cetro de la poesía romántica uruguaya al mediar el s. XIX, aunque su romanticismo “era más de escuela que de temperamento; vale decir, puramente literario, retórico”.
Investigación y realización: Gimena Suárez - Natalia Caimi