Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Arredondo, Horacio

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Horacio Arredondo (1888-1967) nació en Montevideo el 23 de abril, hijo de José Horacio Arredondo y María de Navas. Su madre falleció de fiebre tifoidea cuando él tenía siete años, al poco de dar a luz a su tercer hijo. Con sus hermanos, se fue a vivir a una casa en la calle Arapey (hoy Río Branco) donde fue criado por su abuela paterna y tías maternas. Más tarde se mudó a una quinta construida por su padre, en Garibaldi y Monte Caseros. A los 11 años ingresó como pupilo al colegio Seminario, pero en 1901 debió dejar los estudios a causa de un pelotazo que le comprometió el ojo derecho. Fue enviado a la estancia de un amigo de la familia donde se dedicó a las tareas de campo, que prosiguió luego en un terreno que su padre arrendó cerca de Pando.

En 1906 volvió a Montevideo donde asumió un empleo en el Ministerio de Trabajo e Industrias como auxiliar, alcanzando, una década después, el cargo de director de la Oficina de Marcas de fábrica y comercio. En sus licencias, recorría los “pagos” del interior, llegando a conocer en 1910 todos los departamentos del país.

En 1912 se casó con María Celia Deque, con quien vivió en la quinta de la calle Garibaldi. En 1913 nació su hija María Celia Marta y en 1916, su hijo, José Miguel.

En 1917 realizó su primer viaje a Rocha, oportunidad en la que conoció la fortaleza de Santa Teresa, construcción que se propuso estudiar y restaurar. En 1919 logró interesar en el proyecto al presidente Baltasar Brum, con el que lo unía una amistad. Tras visitar Santa Teresa, el mandatario comisionó a Arredondo a trabajar en su recuperación junto al arquitecto Fernando Capurro y al jefe de la Oficina de Construcciones Militares, Cnel. arquitecto Alfredo R. Campos. Los trabajos comenzaron en 1923 e implicaron primero un plan de forestación para la fijación de las dunas que cubrían el lugar y luego la restauración de la edificación para luego diseñar el parque nacional.

Desde su creación en 1933 integró la Comisión Nacional de Turismo de la que fue director y administrador general entre 1937 y 1954. Desde ese lugar buscó ampliar el potencial turístico de Uruguay -más allá de Montevideo y la costa esteña- para poner en valor las tradiciones y las edificaciones coloniales y criollas, así como el paisaje nativo, demostrando una singular capacidad para integrar el conocimiento histórico, la recuperación patrimonial, y el fomento económico. Además de Santa Teresa, se ocupó de la reconstrucción del Fuerte de San Miguel (y del parque nacional respectivo) en Rocha y de la vieja posta del Chuy (1940) en Cerro Largo. En el litoral puso el ojo en la calera de las huérfanas, la estancia y capilla Narbona en Colonia, entre otros sitios históricos. Para viabilizar políticamente estos proyectos contó con el apoyo de sus amigos Alejandro Gallinal Conlazo, y sobre todo el general y arquitecto Alfredo Bladomir, presidente de la República (1938-1942).

Paralelamente a estas tareas dirigió -en carácter honorario- el Museo Histórico Municipal entre 1925 y 1964. En esas cuatro décadas dotó al museo de un perfil claramente antropológico, con una museografía destinada a evocar costumbres, prácticas y tradiciones y elementos de la cultura material (mobiliario, vestimenta, transporte) sobre todo de Montevideo, aunque no sólo. Emprendió varios proyectos, como la creación de una sección dedicada a la arqueología indígena, que no pudo concretar (aunque sí creó un museo nativo en San Miguel con su propia colección de piezas indígenas) y otro dedicado a los medios de transporte, que sí logró en la sección Carrasco (Parque Fernando García).

Estudioso autodidactica, sin formación universitaria, fue miembro del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay (IHGU). En 1927 fue designado miembro de número, siendo también editor de la revista institucional. Asimismo, en 1926 participó en la fundación de la Sociedad Amigos de la Arqueología (SAA), de la que fue presidente en los años treinta. La mayoría de sus trabajos de investigación fueron publicados en las revistas del IHGU, de la SAA y también en los Anales Históricos de Montevideo, revista del museo municipal. Quizás su obra más ambiciosa fue Civilización del Uruguay (en dos tomos) aparecida en 1951, y que Carlos Real de Azúa definió como “la más importante incursión por nuestra ‘intrahistoria’ con que cuenta el acervo cultural uruguayo. La mejor y tal vez la única” (Marcha, N°660, 27 de febrero de 1953).

Arredondo falleció el 1° de abril de 1967, siendo sus restos enterrados en el Parque Nacional de Santa Teresa. En una semblanza escrita medio siglo después, el arquitecto Nery González lo describió “como antropólogo autodidacta y tal vez el mejor gestor cultural que ha tenido el país, el primero en ligar estrechamente patrimonio y turismo”.

Realización:
Dra. Mariana Moraes y Mag. Carolina Porley en el marco del proyecto de investigación “Arcontes del pasado. Intelectuales del Estado en la definición y gestión del patrimonio documental del Uruguay”. Financiado por el Fondo Clemente Estable (FCE_3_2024_1_180778)

Digitalización y construcción del sitio: Archivóloga Bettina Alberti

Agradecimientos: Al Servicio de Medios Audiovisuales de la Facultad de Arquitectura (FADU-UDELAR) por la cesión de las versiones digitales de los álbumes fotográficos de Arredondo. Al personal de la Biblioteca de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación por la asistencia brindada.

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