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IBÁÑEZ Y EL INSTITUTO NACIONAL DE INVESTIGACIONES Y ARCHIVOS LITERARIOS (INIAL)

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IBÁÑEZ Y EL INSTITUTO NACIONAL DE INVESTIGACIONES Y ARCHIVOS LITERARIOS (INIAL)

La labor de Roberto Ibáñez al frente del Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios (INIAL) debe considerarse una de las gestiones patrimoniales más decisivas en la construcción del acervo documental literario nacional. No solo posibilitó la conformación del principal archivo de autores nacionales —cuyas colecciones iniciales siguen siendo las más relevantes hasta hoy—, sino que también asentó un modelo de clasificación y estudio de manuscritos que mantuvo una gran continuidad. Aunque Ibáñez ya contaba con experiencia y formación previa en este campo, su estancia en Europa entre 1948 y 1950 (principalmente en Francia e Italia) como becario del Consejo de Enseñanza Secundaria le permitió profundizar en los métodos y técnicas de la investigación filológica, ampliar su visión y de ese modo consolidar al INIAL como un centro de vanguardia en América Latina para el trabajo con manuscritos modernos.

La historia del Instituto tiene como antecedente la Comisión de Investigaciones Literarias, que operó entre 1944 y 1947 bajo la órbita del Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social. Dicha comisión estuvo presidida con carácter honorario por Ibáñez e integrada por un conjunto de jóvenes profesores formados por él (José Enrique Etcheverry, Myriam Otero, Silvio Frugone, Carlos Alberto Passos y Alcides Giraldi). Su creación estuvo estrechamente vinculada a la donación del archivo de José Enrique Rodó a la Biblioteca Nacional del Uruguay. Ibáñez, quien desde 1942 tenía acceso a los papeles del escritor a través de la hermana de este, fue el principal responsable de su ordenamiento y clasificación, lo que justificó que encabezara el equipo de trabajo. El primer nombre considerado para la comisión fue “Instituto de Literatura Uruguaya” y sus cometidos incluían: “1. Investigar metódicamente manuscritos y textos de autores nacionales para constituir sendos archivos, en consonancia con las impostergables exigencias de nuestra cultura. 2. Estudiar y catalogar los materiales de esa especie que existen en la Biblioteca Nacional. 3. Organizar, fuera de la Biblioteca, la búsqueda de documentos relacionados con la vida y la obra de nuestros principales escritores; y gestionar cuando fueran de propiedad privada, su enajenación o su registro. 4. Mantener una activa correspondencia con entidades y personas del extranjero, que puedan facilitar documentos o datos igualmente relacionados con nuestros más esclarecidos hombres de letras. 5. Recoger, en fuentes fidedignas, testimonios orales y escritos que posean interés para el mejor conocimiento de la literatura vernácula o de sus más acreditados representantes. 6. Efectuar la clasificación bibliográfica de las obras nacionales, con el propósito de ofrecer una guía segura para su estudio. 7. Crear un registro de obras y autores nacionales”.

La culminación de la labor de esta comisión fue la exposición de originales y manuscritos de Rodó en el foyer del Teatro Solís, en diciembre de 1947, cuando ya era inminente la fundación del Instituto Nacional de Archivos e Investigaciones Literarias, creado por ley del Poder Ejecutivo el 12 de enero de 1948. En el texto oficial de su creación se indican algunas de sus funciones: “reunir, custodiar los documentos relacionados con la obra y la personalidad de los autores uruguayos, así como todos aquellos otros testimonios de ese carácter, ilustrativos de una época y realizar estudios metódicos y trabajos de divulgación con la base de los materiales que reúna y demás fuentes de consulta en poder de los organismos oficiales o existentes en colecciones particulares.”

Bajo la dirección de Ibáñez se fueron incorporando los archivos de Herrera y Reissig, Delmira Agustini, Juan Zorrilla de San Martín, Eduardo Acevedo Díaz, Horacio Quiroga, Florencio Sánchez y Javier de Viana, entre otros, sumando 15 colecciones hasta 1962. Los primeros diez años de historia del INIAL se caracterizaron por una frenética labor de búsqueda y rescate de los acervos de los que llamaban “los próceres de las letras uruguayas”. La correspondencia y los libros de registro del Instituto dan cuenta de los incansables esfuerzos invertidos en gestiones para la donación y adquisición —que incluían misiones en el extranjero para recuperar manuscritos dispersos—, así como en tareas de catalogación, fichado, fijación de textos y elaboración de ediciones anotadas.

El celo de Ibáñez con respecto a los materiales custodiados y a los proyectos de investigación del Instituto motivó variadas inquinas y conflictos. Algunos de los más sonados involucraron a Carlos Alberto Passos, quien suplió a Ibáñez en la dirección del INIAL durante su estancia de estudios en Europa y publicó el primer número de la Revista del Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios. Si bien la revista no tuvo más entregas que esa, la recepción a nivel nacional y regional fue muy exitosa. Otro frente desgastante para Ibáñez fue el abierto con el crítico Emir Rodríguez Monegal; tras una primera etapa de discipulado y admiración por parte de este, se desató entre ambos una disputa cuyo nervio fue el uso reservado de los materiales de Rodó. El acceso discrecional a las colecciones fue un motivo recurrente de cuestionamiento a su gestión, lo que, sumado a irregularidades administrativas y burocráticas (como ausencias por viajes al extranjero sin la debida licencia), terminó por precipitar su caída: primero, con la separación temporal del cargo y, más adelante, mediante un proceso que forzó su renuncia.

La intervención de Juan Pivel Devoto entre 1961 y 1963, como director interino del INIAL, procuró reorganizar el funcionamiento del archivo bajo un marco de mayor institucionalidad, transparentando los fondos y reglamentando el acceso a la sala de consulta. La muestra más cabal de esto se encuentra en la Guía para la consulta de los fondos documentales del Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios del Uruguay (1962), publicada para dar cuenta de “la existencia de los materiales de estudio reunidos en el Instituto y facilitar su acceso a todas las personas estudiosas que deseen consultarlos”.

Finalmente, en enero de 1965, Ibáñez presentó su renuncia formal al INIAL. El organismo pasó a denominarse Departamento de Investigaciones y Archivo Literario, quedando plenamente integrado a la estructura de la Biblioteca Nacional.

En esta sección se reúne gran parte del archivo del INIAL. A través de la correspondencia, el registro de funcionarios, los manuscritos de investigaciones y las publicaciones elaboradas a partir de su acervo, estos materiales permiten historizar el funcionamiento del Instituto durante la dirección de Ibáñez, así como reconstruir la historia particular de algunas de sus colecciones.

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